Creciente vulnerabilidad de la industria española y gallega del aluminio, reclaman ajustes urgentes

España, noviembre de 2025

La Asociación Española del Aluminio (AEA) y la Asociación de Industrias del Metal y Tecnologías Asociadas de Galicia (ASIME) alertaron este jueves en Santiago de Compostela de la situación crítica que atraviesan las empresas gallegas del metal y del aluminio, en un contexto europeo que calificaron como una “tormenta perfecta”. La caída de la demanda, el aumento de los costes, la volatilidad de los precios, las guerras comerciales y la entrada en vigor de nuevas regulaciones están golpeando con fuerza a un sector que representa el 19% del PIB gallego y emplea a más de 60.000 personas.

 

De Izquierda a Derecha_Francisco Quintá, Cruz Casal, Enrique Mallón, Gonzalo de Olabarria y Marina Magán

En una rueda de prensa, el secretario general de la AEA, Gonzalo de Olabarría; el secretario general de ASIME, Enrique Mallón; la directora fiscal de Cortizo, Cruz Casal; la directora financiera de Exlabesa, Marina Magán; y el presidente del Grupo Quintá, Francisco Quintá, coincidieron en que la industria gallega se enfrenta a un escenario sin precedentes que requiere medidas urgentes. Los representantes empresariales señalaron que Galicia mantiene una sólida base industrial y un liderazgo tecnológico y exportador, pero advirtieron de que la actual coyuntura europea amenaza la competitividad de cientos de compañías.

Uno de los asuntos que centró la intervención fue el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), que comenzará a aplicarse plenamente en 2026. De Olabarría aseguró que, aunque se trata de un instrumento necesario para proteger la industria europea frente a la competencia procedente de países con menores exigencias ambientales, su diseño actual es “incompleto” y crea “importantes distorsiones” en territorios como Galicia, especialmente dependientes de la importación de metales. El secretario general de la AEA explicó que el mecanismo deja fuera productos transformados de aluminio como extrusiones y perfiles, no recoge las emisiones indirectas y carece de un sistema de trazabilidad del reciclado, tres elementos que considera fundamentales para garantizar unas reglas de juego equilibradas. Esta falta de cobertura, añadió, penaliza a empresas que han realizado fuertes inversiones en tecnología limpia y procesos eficientes.

En una línea similar, Mallón afirmó que el CBAM se ha convertido en un factor añadido que agrava una situación ya de por sí complicada. A su juicio, cualquier incremento de costes derivados de la implantación del mecanismo repercute de forma inmediata en cientos de empresas del metal y de las tecnologías asociadas. Desde ASIME recordaron que el sector sostiene buena parte del tejido industrial gallego, pero está sufriendo de forma intensa las tensiones internacionales y la incertidumbre regulatoria. Entre los factores que más impactan en la actividad industrial mencionaron la caída de la demanda en automoción, construcción y maquinaria; los problemas de suministro de materias primas debido a aranceles y restricciones que afectan tanto al acero como al aluminio; la presión competitiva de países como China y Turquía, que producen a costes muy inferiores; la deslocalización del reciclaje de chatarra, impulsada por la demanda de Estados Unidos y China; y la extrema volatilidad de los precios, que dificulta los planes de inversión.

Los intervinientes insistieron en que el aluminio gallego es un sector estratégico con empresas punteras y vocación exportadora, pero que requiere estabilidad regulatoria para seguir siendo competitivo. Mallón puso el foco en la creciente escasez de chatarra, un recurso clave para la industria del aluminio reciclado. Señaló que la demanda global está “desbordada” y advirtió de que, si no se controla la salida masiva de chatarra europea hacia terceros países, las fundiciones nacionales podrían quedarse sin materia prima. También destacó que las empresas del sector han realizado importantes esfuerzos en eficiencia energética y circularidad, pero necesitan que Europa respalde ese camino con herramientas que frenen la competencia desleal.

En la recta final del encuentro, De Olabarría recordó que Galicia ha demostrado ser “una potencia industrial capaz de resistir en los peores momentos”, pero alertó de que esa fortaleza no puede darse por garantizada sin un marco regulatorio adecuado. Reclamó medidas urgentes que protejan a quienes “hacen las cosas bien” y permitan a las compañías gallegas mantener su liderazgo en la transformación de aluminio. Tanto AEA como ASIME coincidieron en que la industria gallega “tiene futuro”, pero defendieron que solo podrá consolidarlo si recibe un “apoyo real” y si la Unión Europea adopta una política industrial a la altura de los desafíos de la década.

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